LA DIETA DEL HOMBRE
Aspectos antropológicos y anatómicos
La dieta apropiada para el hombre, se debe considerar sobre la base de su desarrollo filogenético, y no solamente sobre consideraciones de tipo bioquímico, centradas en aportar nutrientes en cantidades suficientes, sin importar su procedencia. Solo en las últimas décadas se ha empezado a cambiar la dieta.
STAMLER, por ejemplo, ha destacado este hecho, en relación con el aumento de carácter epidémico de las enfermedades cardiovasculares, señalando que: "La dieta normal" americana, en el momento actual, rica en colesterol y lípidos, que provienen en gran parte de la carne, huevo, leche y derivados, es en términos de filogénesis humana, una innovación en nutrición relativamente reciente. Es una dieta e la civilización, una dieta muy diferente a las consumidas siempre por los pueblos primitivos, exceptuando a los pastores o a los animales carnívoros. Como otras especies, el hombre no ha adquirido filogenéticamente la capacidad de adaptarse a esta dieta. Por lo tanto, ontogonéticamente, en los grupos de población que ingieren esta dieta a lo largo de la vida, las cifras de colesterol plasmático tienden a aumentar desde el nacimiento y permanecen altas. La experiencia de muestra que en tales grupos de población la ateroesclerosis origina una gran morbilidad y mortalidad. En consecuencia, parece altamente conveniente alcanzar mayores conocimientos sobre la dieta natural del hombre, antes de planificar y definir estrategias para enfrentar los problemas de salud y nutrición de la comunidad humana.
EL CUADRO N°1 resume las características distintivas más generales y la estructura del sistema digestivo de diversas especies de mamíferos superiores, según su régimen de alimentación. El hombre, considerado como un frugívoro, presenta las principales características estructurales de los primates superiores, considerablemente perfeccionadas y diversificadas. Esto le proporciona una gran adaptación para hacer frente a las necesidades y oportunidades tanto de la vida arbórea como terrestre. Así, la estructura del hombro, del brezo, de la mano, de los miembros inferiores y la visión estereoscópica o binocular, permiten al hombre – al igual que los antropomorfos arborícolas – trepar con facilidad, desplazarse por los troncos de los árboles, alcanzar las ramas, columpiarse y saltar de un árbol a otro, coger los frutos y arrancarlos o romper nueces y otras semillas. La vida arborícola exige una gran coordinación sensorial y motora. En este sentido, la visión estereoscópica- resultante de la superposición de los campos visuales al tener los ojos ubicados en el plano frontal permite discriminar con gran precisión dos puntos muy cercanos, calcular con exactitud las distancias y juzgar perfectamente el relieve. Este perfeccionamiento de la visión en detrimento del olfato- muy desarrollado en los carnívoros- es muy útil para la vida en los árboles. También las características mecánicas del esqueleto son una clara evidencia de la adaptación del hombre a la alimentación frugívora.
CUADRO N° 1
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DIFERENCIAS EN MAMÍFEROS SUPERIORES, SEGÚN SU RÉGIMEN DE ALIMENTACIÓN |
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CARACTERÍSTICAS |
HERBÍVOROS |
FRUGÍVOROS |
CARNÍVOROS |
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Estructurales para coger alimentos |
pesados
por locomoción
adaptados a la captura |
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De comportamiento |
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Desplazamiento de la mandíbula |
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Dientes |
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De la masticación |
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Para este fin los dientes interiores bajan primero y luego suben con fuerza para aplicar su borde cortante contra el de los dientes superiores. |
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Estómago |
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Intestino |
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Ref. SILVA P. La dieta apropiada. Naturaleza (Stgo de Chile) 14:33, 1985
Además, el hombre cuenta con una serie de características apropiadas para enfrentar con Éxito la vida terrestre y las posibilidades de alimentación con semillas pequeñas y granos como los cereales. Algunas de ellas son: la bipedestación, que permite a las extremidades cumplir una función exclusivamente locomotora y de sostén del cuerpo y a los miembros superiores la libertad de manipular; en la mano, la posesión de un fino mecanismo de presa al oponer el dedo pulgar al índice; la disposición vertical de la cara; el escaso prognatismo de la mandíbula; la reducción dl tamaño de los caninos; la forma más bien aplanada de los molares y la carencia de diastema en los maxilares. Para coordinar adecuadamente todas estas estructuras y responder con rapidez a las variadas circunstancias y estímulos de la vida en los árboles y en las llanuras, los primates superiores disponen de un cerebro desarrollado, alcanzado el cerebro humano un tamaño 2 a 3 veces mayor que el más grande de los antropoides.
Adaptación del hombre como vegetariano
Las principales características que reflejan la adaptación del hombre a la dieta vegetariana de tipo frugívoro, se resumen en el Cuadro N° 2. En el Libro del GÉNESIS: "He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla, os serán para comer". Es un hecho hoy bien confirmado, que la adecuada combinación de cereales, semillas oleaginosas, leguminosas, frutas, hortalizas y verduras, constituye una forma de alimentación nutritiva, completa y saludable.
CUADRO N° 2
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Características de adaptación del Hombre a la dieta vegetariana frugívora. |
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1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. |
Posición erecta Locomoción bípeda Pie arqueado con dedo no oponible Extremidades superiores más cortas que las inferiores Manos prensiles con dedo pulgar desarrollado y oponibles Cara vertical Visión estereoscópica y a color Nariz prominente Escaso prognatismo Carencia de diastema en los maxilares Reducción del tamaño de los caninos Mentón marcado Gran capacidad craneana y ensanchamiento de la corteza cerebral Prolongación de la infancia y periodo de crecimiento muy largo |
Este tipo de alimentos comunica una, resistencia y vigor intelectual que llevó a NIETZSCHE a reclamar: ¡Un puñado de filósofos vegetarianos ha hecho más por el progreso humano que todos los demás intelectuales! En este sentido, cabe destacar que, sin dudas, es notable la cantidad de grandes personajes de la historia, filósofos, moralistas, científicos, artistas y santos que han sido firmas adherentes y propiciadores de la dieta vegetariana. Esteve, Kahn y Suzineau mencionan entre otros notables vegetarianos los nombres de Cristo, Zoroastro, Buda, Confucio Lao Tse, Pitágoras, Sócrates, Platón, Diógenes, Empédocles, Zenón, Epicuro, Séneca, Plutarco, Jenofonte, Leibniz, Montaigne, Voltaire, Rosseau, Nietzsche, Santo Tomás, Homero, Hesiodo, Orfeo, Esquilo, Eurípides, Virgilio, Ovidiom Horacio, Bossuet, Fenelón, Byron, Milton, Lamantine, Golzt, Leonardo da Vinci, Goethe, Shelly, Tagore, Tolstoi, Maetterlink, Bernard Shaw, Bufón, Cuvier, Darwin, Haeckel, Linneo, Flourens, Wagner, Newton, Edison, Ramón y Cayal, Gandhi, Cartón y grandes artistas contemporáneos como Yehudi Menuhin, entre otros.
La firme adhesión a la dieta natural contribuyó, con seguridad, en el pasado remoto, al desarrollo y perfeccionamiento de las más relevantes cualidades físicas mentales y espirituales de nuestra especie. La adhesión visual, total o parcial, ha permitido a lo largo de toda la historia, alcanzar el más pleno grado de desarrollo y expresar sus potencialidades a personajes como los arriba mencionados. Al estudiar el alcance de las funciones de adaptación a la dieta y al medio, Lewontin señala que los organismos se adecuan notablemente bien al ambiente en que viven. Presentan una morfología, una fisiología y un comportamiento que, según parece, han sido cuidadosa y hábilmente diseñados para capacitar a cada organismo a fin de que se adapte al mundo que lo rodea y pueda subsistir en él. Es casi seguro que durante largo tiempo el hombre mantuvo esta adaptación a su ambiente y alimentación, ocupando enormes zonas de rica vegetación que, al parecer, cubrían casi toda la tierra.
Los geólogos y paleontólogos describen un período, el Mioceno, en que la tierra fue, según parece, un gigantesco vergel, cubierta por inmensos bosques, maravillosas praderas, grandes lagos y ríos. Hacía un calor tropical y prácticamente de los Polos hasta el Ecuador existía una vegetación parecida a la larga que existe actualmente en las selvas tropicales de África, Asia o América del Sur. El hallazgo de bosques petrificados en Groenlandia y en las regiones polares es una prueba de la existencia de aquel mundo edénico. A este periodo sucedió una serie de cambios ambientales que generaron condiciones de vida absolutamente diferentes obligando a un número de especies a hacer esfuerzos extraordinarios de adaptación y llevando a muchas otras a su extinción.
En circunstancia parecidas a éstas debió producirse el cambio en los hábitos dietéticos del hombre. La especie humana ha demostrado una extraordinaria plasticidad para hacer frente a las variaciones del ambiente. Es posible señalar que en un momento dado, en que los gigantescos bosques que constituían su principal fuente de sustento empezaron a desaparecer y la tierra se cubrió alternativamente de agua, de hielos y desiertos, aguijoneando por el hombre y el aumento constante de su población el hombre inició su expansión hacia diversos continentes y rompió su cadena alimentaria al hacerse cazador. Todo esto debió ocurrir en forma gradual. Al comienzo se limitó a cazar pequeños animales, insectos, larvas, huevos y crías de pájaros incapaces aún de volar. Posiblemente recurría a esta clase de alimentos sólo cuando le resulta imposible conseguir frutas, semillas u otros productos vegetales.
Un ejemplo semejante es posible ver hoy entre los principales antropoides frugívoros, como el gorila y el orangután, los que al escasear las semillas y las frutas, atrapan insectos y sustraen nidos de pájaros de los árboles y se comen las crías y los huevos. Sin embargo, abandonan habitualmente estas prácticas omnívoras y vuelven a su dieta vegetariana, al disponer nuevamente de alimentos vegetales en abundancia. El hombre, por el contrario, impulsado cada vez más lejos de su ecosistema original, perpetuó la dieta omnívora al perfeccionar sus técnicas de caza y hacerse cocinero. Fabricó armas y utensilios domésticos. Conquistó el fuego. Inició de este modo un cambio profundo de su estilo de vida y del ambiente, que ha pasado por etapas sucesivas y abarcantes, hasta culminar en la civilización materialistas de nuestros días. El uso del fuego permitió cocinar la carne de los animales y transformaría en un alimento aceptable y abundante. De recolector de frutos, semillas y cazador ocasional, se convierte en cazador profesional. Hasta que aparece la agricultura hace unos 10.000 años.
Recientemente se ha empezado a valorar el papel de la dieta en la etiopatogenia de las enfermedades, diversos estudios permiten seguir la pista a esta relación DIETA: ENFERMEDAD, hasta los orígenes mismos de la civilización. En efecto, es un hecho muy significativo que , donde quiera que ese han encontrado restos humanos, cualquiera que sea su antigüedad, junto al hallazgo inevitable de armas, herramienta y utensilios domésticos, aparecen también manifestaciones inconfundibles de procesos patológicos: tumores, tuberculosis, lesiones traumáticas, etc. Esto demuestra que las enfermedades han acompañado al hombre. Se descubre en osamentas y momias de habitantes de un pasado remoto, encontradas ya sea en las cavernas del viejo mundo, en las tumbas del valle de los reyes en riberas del Nilo. En el papiro de Ebers, escrito hace unos 3,500 años, se encuentran descripciones que sugiere que enfermedades claramente vinculadas al régimen, como la Diabetes, por ejemplo, ya eran frecuentes en el mundo antiguo. A comienzos de esta centuria McCay y Cols realizaron en la Universidad de Oxford, notables experimentos que los llevó a concluir que la alimentación es el factor externo que está relacionado con la enfermedad y el envejecimiento prematuro.
Al consumir una dieta bien balanceada se demuestra que la longevidad puede incrementarse por reducción de la dieta. Al suministrar a ratas jóvenes una dieta incrementarse por reducción de la dieta. Al suministrar a ratas jóvenes una dieta que contenía todos los elementos nutritivos esenciales, pero restringida en calorías y proteínas, lograron que permanecieran inmaduras durante 900 días. El crecimiento se aceleraba si se incrementara la alimentación. Los animales maduraron y vivieron 200 días más que los animales del grupo control, alimentación. Los alimentados con una dieta rica en calorías y proteínas. Se observó el proceso de envejecimiento especialmente a nivel del colágeno.
En las últimas décadas, numerosos investigadores, entre los que destacan BURKITT y Cols., han encontrado una clara correlación entre los que cambios ocurridos en la dieta occidental, rica en proteínas animales. Grasas saturadas, azúcares refinados, sal, productos lácteos, alimentos enlatados y pobres en fibra; y la elevada prevalencia que han alcanzado, sobre todo en los países industrializados, enfermedades como el cáncer, la ateroesclerosis y sus complicaciones coronarias y cerebro vasculares, la diabetes, la enfermedad diverticular y una serie de cuadros agudos de tipo quirúrgicos, como la apendicitis y la colelitiasis, entre otros que han llegado a convertirse en modernas y desvastadoras epidemias. Sorprende que tales enfermedades son conocidas o muy raras por la civilización y, lo que resulta muy significativo, en las poblaciones vegetarianas de los propios países desarrollados, que mantienen una alimentación sana, fresca e integral.